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Casi imposible de creer. Excepto durante las ofertas de otoño, no es común ver largas filas de clientes en Plaza Antea en la Ciudad de México.
Tampoco es habitual encontrar locales repletos de compradores en la Via del Corso de Roma, el Covent Garden de Londres o el Odakyu Mall de Tokio en un día de semana común. Y mucho menos si se trata de una joyería.
¿Cuál es el producto que despierta esta pasión desenfrenada? La pulsera Pandora. Un brazalete de metal precioso con encantos intercambiables y coleccionables que desde hace casi veinte años se ha convertido en la pieza de moda más codiciada en todo el mundo.
Una prenda lujosa, pero personal y única, que es apreciada por celebridades como Catherine Zeta Jones, Emma Watson, Taylor Swift e incluso Kate Middleton. Una tendencia emocional que ha llegado para quedarse y que ahora está a punto de causar sensación en nuestro país.
La historia de un éxito. La palabra «Pandora» proviene del griego y significa «llena de dones». Según cuenta la mitología, Pandora fue la primera mujer humana creada por los dioses.
Cada deidad le otorgó un regalo único, dotándola de gran belleza para atraer a los hombres. En la actualidad, son mujeres de todas las edades alrededor del mundo las que llenan las tiendas de la marca Pandora, atraídas por la belleza de sus productos.
La joyería Pandora ha establecido récords de ventas. Es la tercera empresa más grande en su rubro en términos de facturación, solo detrás de Cartier y Tiffany & Co. Sus pulseras se han convertido en una de las joyas más icónicas en todo el mundo, conocidas por su habilidad para reflejar la personalidad de quien las usa, según destaca la revista Vogue.

La historia de Pandora comenzó en 1982 como una pequeña joyería en las afueras de Copenhague. Los dueños, el matrimonio de orfebres Per y Winnie Enevoldsen, solían viajar a Tailandia. Comenzaron exportando joyas de ese país y creando sus propios diseños para ser fabricados allí.
En 1987, comenzaron a vender al por mayor y, tras algunos años como mayoristas, establecieron su propia fábrica en Tailandia. Contrataron al diseñador Lone Frandsen para expandir su línea y, más tarde, también incorporaron a la diseñadora Lisbeth Enø Larsen.
El dúo desarrolló el concepto de la emblemática pulsera Pandora, basada en una idea imaginada por Per. La base tenía un diseño único similar a una cuerda plateada en la que se podían agregar y quitar fácilmente encantos de oro, plata, cristal de Murano y piedras semipreciosas. Después de obtener una patente, Pandora comenzó a venderla en el año 2000. El resto, como se dice, es historia.

Un estilo perdurable. Como afirman muchos en el mundo de la moda, no hay nada completamente nuevo bajo el sol; pero si algo funciona, vale la pena reinventarlo. La pulsera Pandora es un claro ejemplo de esta filosofía de actualización. Llenos de misterio y romance, los brazaletes con encantos han sido parte de los accesorios más personalizados de la humanidad desde el siglo VII a.C., cuando los babilonios fueron la primera cultura conocida en usarlos.
A lo largo de la historia, tanto hombres como mujeres han llevado talismanes para alejar el mal y atraer la buena suerte, y los amuletos en forma de pulseras y collares siempre se han considerado objetos protectores.
Con el paso del tiempo, las pulseras con encantos han experimentado diversas oleadas de moda. No es casualidad que fueran la joya favorita de la Reina Victoria de Inglaterra, quien desempeñó un papel fundamental en popularizarlas entre la nobleza europea. Ella solía obsequiar «charms» (encantos) de aves y flores a sus hijos y amigos.
Tras la muerte de su amado príncipe Alberto, impulsó la tendencia de los encantos de luto, como medallones con cabello de los difuntos y retratos en miniatura de los fallecidos. De hecho, encargó una pulsera con su propia imagen tallada en piedra y decorada con 16 corazones esmaltados en negro sobre oro, que hoy se exhibe en la Colección Real.

Más adelante, en la década de 1920, la moda de usar este tipo de brazaletes resurgió con más lujo, incorporando platino y diamantes. Gran parte de este renacimiento se debió a la socialité Wallis Simpson. Su esposo, el príncipe Eduardo, le regaló un costoso modelo de Cartier con nueve cruces de piedras preciosas, que se convirtió en el favorito de la duquesa.
En los años 50, los encantos volvieron a estar de moda. La Primera Dama estadounidense, Mamie Eisenhower, era una apasionada coleccionista.
Su pulsera de oro lucía 21 encantos del mismo material, representando momentos clave de su vida, como su matrimonio, la Segunda Guerra Mundial y la victoria en las elecciones presidenciales de su esposo. Pero ella no fue la única figura pública con encantos.
En Hollywood, estrellas como Elizabeth Taylor, Joan Crawford, Bette Davis y Natalie Wood fueron fotografiadas con sus pulseras de encantos, lo que contribuyó a aumentar el interés y la popularidad de estas joyas. Sin embargo, pasaron 50 años antes de que esta tendencia se convirtiera en una moda global, gracias a Pandora.

Un universo de encantos. Pandora está presente en más de 100 países alrededor del mundo, a través de más de 12,000 puntos de venta y 3,500 tiendas propias. Recientemente ha llegado a México con gran fuerza y con un enfoque especial para la región: la apertura de tiendas propias.
Estos espacios replican el diseño de otras ciudades del mundo, donde cada detalle, desde las luces hasta los pisos, es importado desde Dinamarca y supervisado por arquitectos daneses, según Fernanda Pirosanto, su Gerente de País. Este desembarco lujoso ha causado un gran impacto comercial, con la apertura casi simultánea de cinco tiendas (en la Ciudad de México, Rosario y Córdoba) en un corto tiempo.







