
Taller de Obsidiana presenta una colección que fusiona el diseño, la piedra y la flor del cempasúchil en un homenaje sensorial a México.
San Martín de las Pirámides, México. Lunes 27 de octubre de 2025.
Diseño mexicano que se respira
En el corazón de Teotihuacán, Taller de Obsidiana continúa expandiendo los límites del diseño mexicano. Su más reciente propuesta no se mira: se respira.
Esta temporada, la casa presenta dos fragancias únicas —una fusión entre la piedra volcánica ancestral y la flor del cempasúchil— que evocan la conexión entre el fuego, la memoria y la espiritualidad de nuestras raíces.
“En Taller de Obsidiana, el diseño no se limita a lo visible, también se respira”, comparten desde el estudio, donde cada creación parte de la esencia misma de la obsidiana: fuerza, pureza y origen.

Casa Obsidiana: la esencia del homenaje a un México ancestral
Desde su fundación en 2019, Casa Obsidiana ha mantenido un aroma inconfundible que se ha convertido en parte de su identidad. Una mezcla precisa de lima, flor de naranja, maderas, té blanco, cardamomo y geosmina, creada para evocar calma y fortaleza.
Por primera vez, esta fragancia ha sido envasada en cristal negro, coronado con un tapón de obsidiana tallado mediante técnicas milenarias de lascado, conservando la textura viva de su fractura original.
Cada botella es única, como cada fragmento de lava que alguna vez fue fuego.
Cempasúchil: la flor que guía el camino de la luz
El segundo perfume, Cempasúchil, rinde homenaje al ciclo de la vida y la muerte. Inspirado en la flor sagrada que ilumina los altares de Día de Muertos, este aroma invita a la reflexión y al reencuentro con las memorias ancestrales.
El resultado: una experiencia olfativa que une arte, naturaleza y misticismo, transformando la fragancia en una forma de diseño espiritual.

Un legado sensorial mexicano
Ambos perfumes nacen en Teotihuacán, bajo la filosofía de convertir la materia en memoria.
“Toda creación en piedra guarda un soplo de fuego y tiempo”, expresan los diseñadores.
Así, Taller de Obsidiana no solo crea objetos, sino símbolos que invitan a reconectar con el origen.
