Prostitución en Saltillo, Coahuila, migra a Facebook e Instagram y plantea nuevos retos sanitarios y de seguridad

La oferta de servicios sexuales se ha desplazado de las calles a grupos de Facebook e Instagram, en una ciudad donde la regulación es difusa y la supervisión sanitaria casi imposible.
Saltillo, Coahuila.– La prostitución en Saltillo ya no se concentra solo en esquinas, bares o zonas conocidas del Centro Histórico. Cada vez más, la oferta de servicios sexuales se está desplazando a grupos y páginas de Facebook e Instagram, donde mujeres y hombres promocionan encuentros a cambio de dinero, de manera directa y sin intermediarios visibles.
En grupos con nombres alusivos a “solteros” o “encuentros por dinero”, que reúnen miles de integrantes, se publican anuncios explícitos acompañados de fotografías, horarios de atención y condiciones del servicio. En algunos de estos espacios participan más de 5 mil usuarios, y existen otros grupos cerrados o clonados que replican el mismo esquema de oferta y demanda.
Los acuerdos se cierran casi siempre por mensaje privado, donde se pactan tarifas, horarios, punto de encuentro y condiciones del servicio. La mayoría de quienes ofrecen estos encuentros prefieren el pago en efectivo y rechazan transferencias bancarias o depósitos, lo que reduce el rastro financiero de esta actividad.
De la calle al celular: un mercado sexual digitalizado
El fenómeno ocurre en un contexto donde México vive una digitalización acelerada: en 2025 se estiman 110 millones de personas usuarias de internet (83.3 % de la población) y alrededor de 93 millones de identidades activas en redes sociales, lo que equivale a más de 70 % de los habitantes del país.
Con una base de usuarios tan amplia, no sorprende que el mercado sexual haya encontrado en redes sociales un canal más directo, discreto y segmentado para operar:
Los anuncios pueden dirigirse a usuarios de una ciudad específica, se evita la exposición física en la vía pública, y se reducen los riesgos de rondines policiales o detenciones por faltas administrativas.
En Saltillo, además, el trabajo sexual ya tenía presencia visible en el Centro Histórico, donde se calcula que laboran alrededor de 200 mujeres en la zona, según estimaciones difundidas recientemente por medios locales. Sin embargo, habitantes y comerciantes reportan que algunos puntos que antes eran conocidos ahora lucen vacíos, mientras la actividad se desplaza a espacios digitales y a encuentros pactados en privado.
Sin regulación clara y con un vacío sanitario
A nivel federal, la prostitución en México no está prohibida, pero tampoco existe una ley única que la regule; cada estado define sus propias normas administrativas. En varios puntos del país se permiten “zonas de tolerancia” con ciertos controles, mientras que la trata de personas, la explotación sexual y cualquier participación de menores de edad son delitos graves.
En Coahuila y en Saltillo, el trabajo sexual no está regulado de forma específica: se sanciona lo relacionado con trata, explotación, lenocinio, alteración del orden público o afectaciones a la seguridad, pero no existe un padrón formal de personas que ejercen el oficio, ni un esquema amplio de revisiones médicas periódicas.
Con el traslado de buena parte de esta actividad a redes sociales, las autoridades enfrentan un doble reto;
No tienen un registro confiable del número de personas que ofrecen servicios sexuales por internet. Les resulta prácticamente imposible aplicar controles sanitarios para prevenir y detectar infecciones de transmisión sexual (ITS), VIH y otras enfermedades entre quienes ejercen el trabajo sexual y sus clientes.
Expertos en salud pública advierten que, cuando la actividad se vuelve más dispersa e informal, se debilitan los canales para ofrecer pruebas rápidas, condones, vacunas o tratamientos oportunos a estos grupos de población clave. A nivel nacional, organismos como ONUSIDA han señalado que las personas que ejercen trabajo sexual están entre las poblaciones con mayor vulnerabilidad frente a ITS y violencia, lo que se agrava cuando operan en contextos de estigma y sin acceso regular a servicios de salud.
Riesgos para menores y para víctimas de trata
Otro foco de preocupación es la exposición de menores de edad. Muchos de estos grupos de Facebook no son completamente cerrados ni cuentan con filtros robustos, cualquier persona con una cuenta puede solicitar acceso o ver contenidos, lo que abre la puerta a que adolescentes se integren como observadores, clientes o incluso víctimas potenciales.
Organizaciones civiles que monitorean la trata de personas en entornos digitales han advertido que redes sociales, aplicaciones de mensajería y plataformas de citas se han convertido en canales recurrentes para enganchar a víctimas con fines de explotación sexual, bajo la apariencia de ofertas de empleo, relaciones afectivas o “pagos por compañía”.
En este escenario, la línea entre trabajo sexual ejercido de forma autónoma y explotación sexual o trata puede volverse difusa, especialmente cuando existen terceras personas que controlan los perfiles, se quedan con la mayor parte del dinero o presionan a las personas para seguir ofreciendo servicios.
Una realidad presente, pero poco visible en la agenda
Mientras en la superficie el debate público se concentra en temas como la creación de zonas turísticas “familiares” o la recuperación del Centro Histórico sin trabajos para adultos , la realidad es que la prostitución en Saltillo no ha desaparecido, sino que se ha movido a otros espacios, chats privados, grupos cerrados, y acuerdos que se pactan desde el celular.
Especialistas consultados en estudios sobre trabajo sexual en México señalan que la digitalización del oficio no es exclusiva de Saltillo, en ciudades como Ciudad de México y Tijuana, investigaciones recientes han documentado que, tras la pandemia, muchas trabajadoras sexuales migraron a modalidades “indoor” o virtuales (redes sociales, servicios a domicilio, plataformas de acompañamiento) para reducir riesgos en la calle y sostener sus ingresos.
En Saltillo, la tendencia apunta en la misma dirección, menos visibilidad en la vía pública, más negociación desde la pantalla, y un terreno gris donde salud, derechos y seguridad quedan en segundo plano frente a la inmediatez y el anonimato que permite el mundo digital.
Por ahora, la pregunta que queda en el aire es si las autoridades locales diseñarán estrategias específicas para atender esta nueva cara del mercado sexual en la ciudad, o si la prostitución en redes seguirá creciendo como una actividad paralela, normalizada pero invisible, con implicaciones sanitarias, de seguridad y de protección a la niñez que todavía no se alcanzan a dimensionar del todo.
