El dolor menstrual intenso que interfiere con la vida laboral, social o personal no debe normalizarse, ya que puede ser un signo de endometriosis, adenomiosis u otros trastornos ginecológicos que requieren diagnóstico oportuno.

Ciudad de México, 9 de febrero de 2026.
El dolor menstrual incapacitante no es una condición normal y suele estar asociado a padecimientos ginecológicos que requieren atención médica especializada, alertó la doctora Lourdes Flores, directora médica del Instituto Médico de la Mujer.
La especialista subrayó que cualquier dolor que limite la rutina diaria, el desempeño laboral o la vida íntima debe ser evaluado clínicamente. “Cuando una mujer ve afectado su bienestar físico o emocional durante la menstruación, es indispensable realizar una valoración médica para identificar la causa”, señaló.
Datos disponibles sobre menstruación y productividad en México indican que siete de cada diez mujeres experimentan dolor durante el periodo, y casi la mitad reporta un impacto directo en su desempeño laboral o académico, ya sea por ausencias, menor concentración o disminución de la productividad.
Este tipo de dolor, conocido como dismenorrea, no se limita a un malestar ocasional. Puede presentarse de forma recurrente mes con mes, prolongarse durante varios días o intensificarse con el tiempo. En algunos casos, incluso aparece antes o después de la menstruación, lo que sugiere la posible presencia de un trastorno ginecológico subyacente.

La dismenorrea puede estar relacionada con enfermedades como la endometriosis, la adenomiosis o alteraciones hormonales. Sin embargo, la automedicación y la normalización social del dolor contribuyen a que estos padecimientos se detecten en etapas avanzadas, cuando ya existe un impacto persistente en la salud reproductiva.
“Muchas mujeres hablan del dolor en su entorno cercano, pero eso no sustituye una consulta médica. Compartirlo no equivale a atenderlo”, advirtió Flores.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, la endometriosis puede tardar hasta diez años en diagnosticarse desde la aparición de los primeros síntomas, un periodo en el que el dolor recurrente deteriora de forma sostenida la calidad de vida física y emocional.
“El diagnóstico oportuno permite tratar el dolor, prevenir complicaciones y evitar daños a largo plazo. Consultar a tiempo es una decisión médica que protege la salud y el bienestar de las mujeres”, concluyó la especialista.
